El discernimiento, en sentido católico, es la práctica de distinguir lo que viene de Dios de lo que no viene de él, y de elegir a esa luz. Abarca las decisiones grandes (con quién casarse, si entrar al seminario o a una comunidad religiosa, si aceptar un trabajo al otro lado del país) y los pequeños movimientos de un día cualquiera. El papa Francisco lo llamó un don que hay que pedir en la oración y luego hacer crecer con la oración, la reflexión, la lectura y el buen consejo. 4
Esta guía explica qué entienden los católicos por discernimiento: de dónde viene la palabra, qué enseñó San Ignacio de Loyola sobre el discernimiento de espíritus, cómo se relaciona el discernimiento con la conciencia, cómo se discierne una vocación y qué pasos prácticos ayudan cuando hay que tomar una decisión.
La palabra y sus raíces en la Escritura
La palabra viene del latín discernere, separar o distinguir. La idea es más antigua que la palabra. La primera carta de San Juan advierte a los creyentes que no acepten sin más toda afirmación espiritual: "Queridos, no se fíen de cualquier espíritu, sino examinen si los espíritus vienen de Dios, pues muchos falsos profetas han salido al mundo". 1 Examinar los espíritus es ponerlos a prueba, y el hábito de poner a prueba es la raíz de todo lo que sigue.
San Pablo dice lo mismo dos veces. A los tesalonicenses les escribe, tal como lo cita el papa Francisco, "Examinadlo todo; quedaos con lo bueno" (1 Tesalonicenses 5,21), frase que Francisco pone a la cabeza de su propia enseñanza sobre el discernimiento. 4 A los romanos les une el examen con un cambio de mentalidad: "no se conformen a este mundo, sino transfórmense por la renovación de su mente, para que puedan comprobar cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto". 2 Comprobar es aquí poner a prueba, de modo que Pablo está describiendo el discernimiento: una mente renovada, capaz de reconocer lo que Dios quiere.
El discernimiento de espíritus en los Ejercicios Espirituales
La enseñanza católica más influyente sobre el discernimiento viene de San Ignacio de Loyola, cuyos Ejercicios Espirituales terminan con dos series de reglas para discernir espíritus (números 313 a 336 en la numeración habitual). Ignacio llama "espíritus" a los movimientos interiores que una persona siente (atracciones, resistencias, estados de ánimo, pensamientos) y pregunta de dónde vienen y a dónde llevan. Las citas que siguen reproducen el castellano original de San Ignacio; la fuente que se indica es la traducción inglesa de Elder Mullan, SJ, de 1914. 3
La primera serie, pensada para quienes están al comienzo de los Ejercicios, gira en torno a dos palabras. Consolación es todo movimiento interior que inflama al alma en amor de Dios; Ignacio cuenta como consolación "todo aumento de esperanza, fe y caridad", junto con la alegría interior que atrae a la persona hacia las cosas celestiales y le da paz. Desolación es lo contrario: oscuridad y turbación del alma, inclinación a las cosas bajas y terrenas, inquietud, y sentirse perezosa, tibia, triste y "como separada de su Criador y Señor". 3
De estas definiciones salen algunas de las reglas más prácticas de la espiritualidad católica. En tiempo de desolación, "nunca hacer mudanza", sino mantenerse en los propósitos hechos antes de que llegara. Tampoco se trata de esperar sin más a que pase: reza más, examínate más, y recuerda que la gracia suficiente permanece aunque no se sienta. Cuando estés consolado, prepárate con humildad para la desolación que vendrá después. Y saca las tentaciones a la luz. Ignacio compara al enemigo con un seductor que quiere que sus palabras se guarden en secreto, y que pierde su dominio cuando se descubren "a su buen confesor o a otra persona espiritual". 3
La segunda serie de reglas es más sutil y está pensada para quienes van más adelantados. Ignacio advierte que el mal espíritu puede tomar la apariencia de un ángel de luz, empezando con pensamientos buenos y santos y llevando poco a poco a algo peor. La prueba consiste en observar todo el curso de los pensamientos: si el principio, el medio y el fin son todos buenos, vienen del buen espíritu; si acaban en algo menos bueno, o dejan al alma turbada y sin paz, no. A quien va creciendo hacia Dios, dice, el buen espíritu le toca el alma con suavidad, como una gota de agua que entra en una esponja, y el malo con aspereza, como el agua que cae sobre la piedra. 3 El propio Ignacio aconsejó no explicar estas segundas reglas a los principiantes que son tentados de manera burda y abierta, porque podrían hacerles más daño que bien. 3
Lo que enseñó el papa Francisco sobre el discernimiento
El papa Francisco, jesuita, volvió muchas veces sobre el discernimiento. En Gaudete et Exsultate (2018), números 166 a 175, lo describe como un don que hay que pedir con insistencia y luego desarrollar. Hace falta siempre, escribe, no solo en los momentos de crisis, y muchas veces se ejerce en cosas pequeñas y en apariencia irrelevantes; por eso pide a todo cristiano un sincero examen de conciencia diario. 4 El discernimiento se sirve de la razón y de la prudencia y no excluye lo que la psicología y las demás ciencias humanas alcanzan a ver, pero va más allá de ellas, hacia el plan particular de Dios para cada persona. Exige también escuchar de verdad: al Señor, a los demás, a la realidad misma, y con obediencia al Evangelio y al Magisterio que lo custodia. 4
Francisco dedicó al discernimiento una serie de catequesis en las audiencias generales, entre el 31 de agosto de 2022 y el 4 de enero de 2023. En la primera señaló dos cosas que se olvidan con facilidad. Cada persona tiene que tomar sus propias decisiones: los adultos pueden pedir consejo libremente, pero "la decisión es nuestra". Y una decisión acertada, aun después de un tiempo de incertidumbre, trae alegría al final. Añadió que Dios nunca impone su voluntad, porque quiere hijos que lo amen libremente, no esclavos. 5 En la última catequesis pasó al acompañamiento espiritual, y llamó al discernimiento un arte que se puede aprender y que tiene sus propias reglas, y sobre todo un don de Dios. 6
Discernimiento y conciencia
El discernimiento trabaja junto a la conciencia y no la reemplaza. El Catecismo, en los números 1776 a 1802, describe la conciencia como un juicio de la razón por el que la persona reconoce si un acto concreto es bueno o malo, y dice que la persona está obligada a seguir fielmente lo que sabe que es justo y recto. 7 La conciencia tiene que formarse, y el Catecismo nombra los medios: la Palabra de Dios acogida en la fe y la oración, los dones del Espíritu Santo, el testimonio o los consejos de otros, y la enseñanza autorizada de la Iglesia. 7
Cuando una situación es de verdad poco clara, el Catecismo dice que la persona debe seguir buscando seriamente lo que es justo y bueno, interpretando la experiencia y los signos de los tiempos con la ayuda de la prudencia, de los consejos de personas entendidas y del Espíritu Santo. También fija reglas que valen en todos los casos, la primera de las cuales es que nunca está permitido hacer el mal para obtener un bien. 7 Esto marca los límites del discernimiento. Un católico no discierne si comete o no un pecado. El discernimiento se mueve entre opciones buenas, o al menos moralmente lícitas, y pregunta a cuál de ellas invita Dios a esta persona. Ignacio dijo lo mismo: todo aquello sobre lo que se elige debe ser bueno o indiferente en sí mismo y estar admitido dentro de la Iglesia. 3
Discernir una vocación
Para muchas personas la palabra discernimiento significa una sola pregunta: ¿a qué estoy llamado en mi vida? La Iglesia enseña ante todo una vocación universal, la llamada de todo bautizado a la santidad. Dentro de ella vienen los estados de vida particulares. Un artículo publicado por la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB) los enumera como sacerdocio, vida religiosa o consagrada, matrimonio y vida de soltero, y dice que deben discernirse mediante la oración, el estudio, el acompañamiento espiritual, el descubrimiento de los propios dones y la disposición a compartirlos. 8
Cada camino tiene sus ayudas ordinarias. Un hombre que piensa en el sacerdocio habla con el director de vocaciones de su diócesis, y la oficina de vocaciones de la USCCB remite tanto a hombres como a mujeres a directores de vocaciones, retiros de discernimiento y comunidades religiosas. 9 Una mujer o un hombre que se siente atraído por la vida religiosa suele visitar comunidades, a menudo varias, y la comunidad hace con ellos su propio discernimiento. El matrimonio también se discierne, en una relación real, con la ayuda de la familia, los amigos, un sacerdote y la preparación matrimonial de la Iglesia. Quienes permanecen solteros, por decisión o por las circunstancias, disciernen cómo entregar su vida en ese estado.
Hay un principio de Ignacio que vale la pena conocer aquí. Quien da los Ejercicios Espirituales, dice, no debe empujar al ejercitante hacia un estado de vida u otro, sino mantenerse "en medio, como un peso", y dejar que el Creador trate directamente con la persona. 3 La misma reserva distingue hoy a un buen director espiritual o a un buen director de vocaciones.
Pasos prácticos para discernir
Nada de esto es una técnica que produzca respuestas a pedido, pero hay hábitos que la Iglesia ha comprobado que son de fiar.
- Reza y pide el don. El discernimiento empieza pidiendo luz al Espíritu Santo; una oración como Ven, Espíritu Santo es un punto de partida natural.
- Haz un examen diario. El examen general de Ignacio tiene cinco puntos: dar gracias a Dios por los dones del día, pedir luz, repasar el día hora por hora, pedir perdón y proponer enmienda. 3 Con las semanas, te muestra el patrón de tus consolaciones y desolaciones. Nuestro examen de conciencia es una versión más completa, para la confesión.
- Lee la Escritura despacio. La Palabra de Dios es el primer medio que el Catecismo nombra para formar la conciencia, y la lectio divina es la antigua manera que tiene la Iglesia de dejarla hablar.
- Busca consejo. Habla con un sacerdote, un director, tu cónyuge o un amigo de confianza. Di en voz alta lo que estás sopesando, incluidas las partes que te avergüenzan.
- Ten paciencia y no decidas en la desolación. Si estás a oscuras e inquieto, mantente en lo que decidiste cuando estabas en paz, y espera.
- Ofrece la decisión. Una vez que hayas elegido, entrégasela a Dios y fíjate si después viene paz o turbación. El Suscipe, la oración de ofrecimiento de sí mismo de Ignacio, es propia de este momento.
Elegir entre dos opciones buenas
Muchas decisiones reales no son entre el bien y el mal, sino entre dos cosas buenas: dos trabajos, dos ciudades, el matrimonio o la vida religiosa. Ignacio escribió sobre este tipo de decisión, a la que llamó elección, y señaló tres "tiempos" en los que puede hacerse bien (Ejercicios, números 175 a 177). En el primero, Dios mueve la voluntad con tanta claridad que la persona no puede dudar, como San Pablo o San Mateo al seguir a Cristo. En el segundo, llega luz suficiente por la experiencia de consolaciones y desolaciones y por el discernimiento de espíritus. El tercero es un tiempo tranquilo, cuando el alma no es agitada por diversos espíritus y puede usar sus potencias naturales con libertad y sosiego. 3
Para ese tercer tiempo Ignacio da dos modos (números 178 a 188). El primero es razonado: ten presente el fin para el que fuiste creado, procura estar libre de toda preferencia desordenada, pide a Dios que mueva tu voluntad, luego enumera las ventajas y desventajas de cada opción, mira hacia dónde se inclina la razón y ofrece la elección a Dios para que la confirme. El segundo usa la imaginación. Piensa en una persona a la que nunca has visto y a la que le deseas todo bien, y pregúntate qué le aconsejarías; luego sigue tu propio consejo. Imagínate a punto de morir, y en el día del juicio, y pregúntate cuál elección querrías entonces haber hecho. 3
El propósito de estos ejercicios es aflojar el dominio del miedo, de la vanidad y del deseo de agradar a los demás, para que la persona pueda ver las opciones tal como son.
Por qué ayuda un director espiritual
Ignacio daba por supuesto que el discernimiento se hace con otra persona. Sus Ejercicios están escritos para quien los da, no para quien los hace, y dice que es muy provechoso que quien los da sea informado fielmente de las diversas mociones y pensamientos que los distintos espíritus suscitan, para poder adaptar los ejercicios a la persona. 3 Su regla sobre las tentaciones que quieren quedar en secreto dice lo mismo desde otro ángulo: lo que se dice en voz alta a una persona sabia pierde gran parte de su poder de engañar. 3
El papa Francisco dijo que mirarse solo en el espejo no siempre ayuda, porque uno puede retocar la imagen, mientras que mirarse con la ayuda de otro que dice la verdad ayuda mucho. Quien te acompaña, añadió, no decide por ti, sino que camina contigo. 6 Ese es el papel de un director espiritual. El primer lugar donde buscar es tu parroquia o tu diócesis; GraceBook también presenta mentores católicos que ofrecen orientación espiritual por video, en buscar un mentor.
Preguntas frecuentes
- ¿Qué significa discernimiento en la Iglesia católica?
- El discernimiento es la práctica de distinguir lo que viene de Dios de lo que no viene de él, y de elegir en consecuencia. Se apoya en la oración, la Escritura, la razón, la enseñanza de la Iglesia y el consejo de otros, y la Iglesia lo considera a la vez un don del Espíritu Santo y una capacidad que crece con la práctica.
- ¿Qué son la consolación y la desolación?
- Son los nombres que San Ignacio de Loyola da a dos clases de movimiento interior. Consolación es todo lo que aumenta la fe, la esperanza y el amor y atrae a la persona hacia Dios con paz; desolación es oscuridad, inquietud y sensación de lejanía de Dios. Ignacio aconsejó no cambiar nunca de rumbo durante la desolación.
- ¿Cómo sé si Dios me llama al sacerdocio o a la vida religiosa?
- Llévalo a la oración, habla con un sacerdote o un director espiritual, y ponte en contacto con el director de vocaciones de tu diócesis o con las comunidades religiosas que te atraen. Las visitas y los retiros de discernimiento ayudan. Una llamada verdadera suele aclararse con el tiempo y la confirma la Iglesia; no la decide un solo sentimiento.
- ¿Cuánto dura el discernimiento?
- No hay un plazo fijo. Una decisión pequeña puede quedar clara en un día; una vocación suele discernirse durante meses o años, y las comunidades religiosas y los seminarios incluyen largos períodos de formación en el proceso. La paciencia es parte del discernimiento, no una falla en él.
- ¿Necesito un director espiritual para discernir?
- Nadie está obligado a tener un director, pero la tradición lo recomienda mucho para las decisiones serias, porque es difícil verse a uno mismo con claridad estando solo. Un sacerdote, un director laico con formación o un amigo sabio y fiel pueden ayudarte a poner a prueba lo que vas notando.
Fuentes
- 1.Douay-Rheims Bible, 1 John 4:1.
- 2.Douay-Rheims Bible, Romans 12:2.
- 3.Ignatius of Loyola, The Spiritual Exercises, trans. Elder Mullan, SJ (New York: P.J. Kenedy & Sons, 1914): Annotations 9, 15 and 17; General Examen (no. 43); Election (nos. 170 to 188); Rules for the Discernment of Spirits (nos. 313 to 336).
- 4.Pope Francis, Apostolic Exhortation Gaudete et Exsultate (March 19, 2018), nos. 166 to 175.
- 5.Pope Francis, General Audience, August 31, 2022, Catechesis on Discernment, 1: "What does it mean to discern?"
- 6.Pope Francis, General Audience, January 4, 2023, Catechesis on Discernment, 14: "Spiritual Accompaniment."
- 7.Catechism of the Catholic Church, nos. 1776 to 1802 (Part Three, Article 6, "Moral Conscience"), especially 1778, 1785 and 1787 to 1789.
- 8.Fr. Robert Boxie, "Vocational Discernment: Creating a Culture of Vocations," published by the U.S. Conference of Catholic Bishops.
- 9.U.S. Conference of Catholic Bishops, Committee on Clergy, Consecrated Life and Vocations, "Vocations."
