La lectio divina, "lectura divina" en latín, es una manera de orar con la Escritura: lees despacio un pasaje breve, piensas en lo que te dice, le respondes a Dios en oración y descansas en silencio en su presencia. 1 Nació en los monasterios, la recomiendan el Concilio Vaticano II y el Papa Benedicto XVI, y no requiere más que una Biblia y quince o veinte minutos sin prisa. 45
Esta guía explica de dónde viene la práctica, cómo hacerla paso a paso, qué pasajes sirven para empezar, cómo funciona en grupo y qué hacer cuando parece que no pasó nada.
Qué es la lectio divina
La lectio divina es oración, no estudio. Lees para encontrarte con alguien, no para dominar un texto. El Catecismo la nombra entre las formas clásicas de la meditación cristiana, junto al Rosario, y describe la meditación como algo que pone en juego el pensamiento, la imaginación, la emoción y el deseo para profundizar en la fe y convertir el corazón. 6 Añade que esa reflexión es de gran valor, pero que la oración debe ir más lejos, hacia la unión con Cristo mismo. 6 La lectio divina está hecha para dar ese paso: comienza con palabras en una página y termina, si Dios lo concede, en quietud.
El Catecismo la une también a la liturgia de la Iglesia. En la lectio divina, dice, la Palabra de Dios se lee y se medita hasta convertirse en oración, y la práctica está enraizada en la celebración litúrgica. 7 Benedicto XVI dijo lo mismo con más fuerza: el lugar privilegiado para la lectura orante de la Escritura es la liturgia, sobre todo la Eucaristía, y la lectura personal prepara y profundiza lo que la Iglesia celebra allí. 5
De dónde viene la lectio divina
Leer la Escritura como manera de escuchar a Dios es tan antiguo como la Iglesia. Benedicto XVI remite a Orígenes, el teólogo del siglo III, que en una carta a un tal Gregorio lo exhortaba a dedicarse a la "lectio" de las divinas Escrituras con perseverancia y con oración. 5
La práctica tomó su forma estable en los monasterios. La Regla de San Benito, escrita en el siglo VI, repartía la jornada del monje entre el trabajo y unas horas fijas de lectura. El capítulo 48 comienza así: "La ociosidad es enemiga del alma. Por eso los hermanos deben ocuparse en ciertos tiempos en el trabajo manual, y a ciertas horas en la lectura espiritual". 2 En Cuaresma cada monje recibía un libro de la biblioteca para leerlo entero y de corrido, y los ancianos hacían la ronda para asegurarse de que nadie estuviera charlando en lugar de leer. 2 Para Benito esa lectura era parte de la oración del monje, junto a los salmos del Oficio.
Los cuatro pasos que casi todos aprenden vienen del siglo XII. Guigo II, monje cartujo (la orden fundada por San Bruno), escribió una carta sobre la vida contemplativa que acabó llamándose la Escala de los monjes, Scala Claustralium. Cuenta que la idea le vino mientras hacía un trabajo manual: cuatro peldaños por los que el alma sube de la tierra al cielo, a saber, lectura, meditación, oración y contemplación. 3 Su resumen en latín es lo bastante compacto para memorizarlo: "Lectio inquirit, meditatio invenit, oratio postulat, contemplatio degustat". La lectura busca, la meditación encuentra, la oración pide, la contemplación saborea. 3 Lo compara con comer: la lectura lleva el alimento a la boca, la meditación lo mastica, la oración le saca el sabor, y la contemplación es la dulzura misma. 3
En 2010 Benedicto XVI, al recoger el trabajo del Sínodo de los Obispos sobre la Palabra de Dios, volvió a exponer los pasos en Verbum Domini y añadió un quinto. La lectura pregunta qué dice el texto en sí mismo; la meditación, qué nos dice a nosotros; la oración, qué le decimos nosotros al Señor como respuesta; la contemplación acoge la mirada de Dios sobre la realidad y pregunta qué conversión nos pide. Y entonces el proceso "no termina hasta que no se llega a la acción (actio)", que vuelve a la persona hacia los demás en la caridad. 5 El mismo párrafo presenta a María, que guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón, como modelo de todo el movimiento. 5
No todas las guías ponen los pasos en el mismo orden. Los obispos de los Estados Unidos, en una breve introducción a la lectio divina, colocan la contemplación antes de la oración. 1 Guigo y Benedicto XVI ponen la oración antes de la contemplación, que es el orden que se sigue aquí. Los pasos describen movimientos de la oración que se superponen, no un procedimiento que haya que seguir al pie de la letra.
Qué dice la Iglesia sobre orar con la Escritura
El Concilio Vaticano II exhortó a todos los fieles, y en especial a los religiosos, a leer con frecuencia la Escritura, y repitió la advertencia de San Jerónimo: "Pues desconocer la Escritura es desconocer a Cristo". 4 Añadió que la oración debe acompañar esa lectura, para que se convierta en un diálogo entre Dios y quien lee; a él le hablamos cuando oramos y a él lo escuchamos cuando leemos. 4
Benedicto XVI escribió que, de todas las maneras de acercarse a la Escritura que se trataron en el sínodo, la lectio divina fue la que recibió mayor atención, porque es capaz de abrir los tesoros de la Palabra de Dios y también de suscitar el encuentro con Cristo. 5 Señaló asimismo que la Iglesia concede una indulgencia, con las condiciones acostumbradas, por la lectura orante de la Escritura. 5 Nada de esto hace obligatoria la lectio divina. Es una manera recomendada de hacer lo que la Iglesia pide a todo católico, que es conocer a Cristo por medio de las Escrituras.
Cómo hacer la lectio divina, paso a paso
Reserva de quince a treinta minutos en un lugar tranquilo, con una Biblia y nada más. Luego sigue estos pasos.
- Elige de antemano un pasaje breve, diez o quince versículos como máximo. El Evangelio del domingo siguiente es una buena opción por defecto.
- Serénate. Quédate quieto un minuto, toma conciencia de que Dios está presente y pídele al Espíritu Santo que te ayude a escuchar.
- Lee el pasaje despacio, de preferencia en voz alta, y luego léelo otra vez.
- Fíjate en una palabra o una frase que te llame la atención, y quédate con ella en lugar de seguir adelante.
- Medítala. Dale vueltas, repítela, pregúntate por qué te detuvo y qué toca en tu vida ahora.
- Respóndele a Dios con tus propias palabras: agradecimiento, dolor, una petición, una pregunta, una queja.
- Descansa. Deja de hablar y simplemente permanece con Dios un rato, sin tratar de producir nada.
- Proponte algo. Antes de levantarte, elige una cosa pequeña y concreta para llevar a tu día.
El paso de la lectura es el que la gente apura. No se trata de terminar el pasaje, sino de dejar que se oiga, y por eso ayuda leer en voz alta. Benedicto XVI dice que este primer paso pregunta qué dice el texto en sí mismo, y que sin él el pasaje se vuelve un pretexto para nuestras propias ideas. 5 Así que léelo tal como es: quién habla, a quién, dónde, qué sucede. Una nota de una Biblia de estudio está bien en este momento. Un comentario, no; convertirá la oración en estudio.
En la meditación es donde encaja la imagen de masticar que usa Guigo. 3 Si la frase que te detuvo es "entró para quedarse con ellos", del relato del camino de Emaús, podrías preguntarte en qué parte de tu vida has querido que Cristo se quede y no te has atrevido a pedírselo. 9 Lleva al texto tus circunstancias reales: tu trabajo, tu matrimonio, la decisión que tienes delante, la persona con la que estás enojado.
Después, habla. La oración en este momento no es una fórmula. Es lo que brote con sinceridad de lo que has leído, y puede ser breve. Cuando se acaben las palabras, deja que se acaben, y quédate. Esa quietud es el paso que más se salta la gente, porque se siente como no hacer nada. Está más cerca de lo que Guigo llama saborear. 3
Por último, el propósito. Lo que Benedicto XVI quiere decir con la acción es que la palabra recibida en la oración está destinada a notarse en la caridad con los demás. 5 Que sea pequeño y concreto: una llamada, una disculpa, diez minutos para alguien que quiere tu tiempo.
Cómo elegir un pasaje
Lo más sencillo es tomar las lecturas del día o las del domingo siguiente, que los obispos de los Estados Unidos publican a diario en su sitio web. 8 Orar durante la semana con el Evangelio del domingo une la lectio divina a la Misa, como la Iglesia espera, y hace que el domingo la lectura de la Misa ya te resulte familiar. A quien empieza le suelen ir mejor los relatos de los Evangelios y los Salmos que los densos razonamientos de las cartas de San Pablo.
Algunos pasajes que se prestan para un primer intento:
- Lucas 24, 13–35, los dos discípulos en el camino de Emaús.
- Juan 21, 1–19, el desayuno en la orilla y la triple respuesta de Pedro.
- El Salmo 23, el Señor como pastor, que también está en la biblioteca de oraciones.
- Isaías 43, 1–5, Dios que llama a su pueblo por su nombre.
- Marcos 10, 46–52, el ciego Bartimeo al borde del camino.
- Lucas 1, 46–55, el canto de María, el Magníficat.
El relato de Emaús es casi una descripción de la lectio divina misma. Después de que Cristo les ha explicado las Escrituras y ha desaparecido, los discípulos se dicen uno a otro: "¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?" 9
La lectio divina en grupo
La lectio divina funciona bien en un grupo parroquial, y la introducción de los obispos de los Estados Unidos describe parroquias donde la gente se reúne cada semana para orar con las lecturas del domingo siguiente. 1 Benedicto XVI advirtió además contra una lectura individualista de la Escritura, puesto que la palabra se nos da para edificar la Iglesia y se lee mejor en comunión con ella. 5
Un esquema habitual es este. Una persona lee el pasaje en voz alta y todos guardan silencio uno o dos minutos. Una segunda persona lo lee de nuevo, y quien lo desee dice, sin explicación, la palabra o la frase que le llamó la atención. Después de una tercera lectura, cada uno puede decir brevemente qué parece estarle pidiendo esa palabra. El grupo termina con una oración compartida y unos minutos de silencio.
Dos reglas hacen que siga siendo oración. Nadie comenta lo que otro ha dicho, y nadie discute el texto. Un grupo que quiere debatir sobre la interpretación está haciendo estudio bíblico, que es algo bueno, para otra noche.
Dificultades frecuentes
La distracción es universal. Cuando notes que la mente se te fue a la lista de las compras, vuelve a la palabra que tenías, sin regañarte. Volver cien veces no es fracasar; es la oración.
También es común la sequedad: días o semanas en que el pasaje parece no decir nada y orar se siente como hablarle al techo. Le ocurre a casi todo el que ora durante mucho tiempo, y no significa que lo estés haciendo mal. Mantén el tiempo de todos modos, y acórtalo si hace falta.
"No pasó nada" suele querer decir que no pasó nada espectacular. La lectio divina no está hecha para producir ideas a pedido, y la mayoría de las veces es tranquila. Lo que hace con los meses es ir grabando en tu memoria unas cuantas frases de la Escritura, que vuelven cuando las necesitas. También conviene ser prudente en el sentido contrario. Una impresión fuerte durante la oración no es automáticamente un mensaje de Dios, sobre todo si tiene que ver con una decisión grande. La Iglesia tiene una larga tradición de discernimiento para poner a prueba esas cosas, y rara vez se hace bien a solas.
En qué se diferencia la lectio divina del estudio bíblico
El estudio bíblico pregunta qué quiso decir un texto, y se vale de la historia, la lengua y la enseñanza de la Iglesia para entenderlo correctamente. La lectio divina pregunta qué te está diciendo Dios ahora por medio de él. Hacen falta las dos cosas, y dependen la una de la otra. La primera pregunta de Benedicto XVI, qué dice el texto en sí mismo, es el punto en que la lectio divina toma prestado del estudio, para que la oración no derive en hacerle decir al pasaje lo que nos guste. 5
En la práctica la diferencia está en la velocidad y en la cantidad. Una sesión de estudio puede abarcar un capítulo y tres comentarios. Una sesión de lectio divina puede pasar veinte minutos en una sola frase.
La lectio divina y la contemplación ignaciana
La contemplación ignaciana, que San Ignacio de Loyola enseña en los Ejercicios Espirituales, es pariente cercana. En lugar de detenerte en una palabra, te metes con la imaginación en una escena del Evangelio. En su contemplación del Nacimiento, Ignacio pide a quien ora que vea con la imaginación el camino a Belén, y luego que vea a las personas, oiga lo que dicen y mire lo que hacen, "como si presente me hallase". 10 La lectio divina se apoya en la palabra; la contemplación ignaciana, en la imaginación. Las dos terminan en conversación con Cristo, y muchas personas usan una u otra según el pasaje. Un relato del Evangelio va bien con el método de Ignacio; un salmo o un dicho de Jesús, con la lectio divina.
Llevar tu oración a la dirección espiritual
Lo que pasa en la lectio divina suele ser exactamente lo que un director espiritual quiere escuchar: la frase que volvió una y otra vez toda la semana, el pasaje que te hizo enojar, la larga temporada en que no pareció pasar nada, el propósito que sigues sin cumplir. Un director no está para interpretar tu oración por ti, sino para ayudarte a notar dónde puede estar actuando Dios en ella y dónde quizá hablen más fuerte tus propios deseos. Eso importa sobre todo cuando la oración parece apuntar hacia una decisión, que es el terreno del discernimiento.
Tu párroco es la primera persona a quien preguntar cómo encontrar un director, y muchas diócesis tienen una lista. GraceBook también presenta a mentores católicos que ofrecen dirección espiritual por video; cada uno describe su propia formación y ha firmado el Acuerdo del mentor, que puedes leer antes de elegir a alguien.
Preguntas frecuentes
- ¿Cuáles son los cuatro pasos de la lectio divina?
- Los cuatro tradicionales son lectio (lectura), meditatio (meditación), oratio (oración) y contemplatio (contemplación), nombrados por Guigo II, cartujo del siglo XII. El Papa Benedicto XVI añadió un quinto, actio (acción), en el que lo recibido en la oración se lleva a la caridad con los demás.
- ¿Cuánto debe durar la lectio divina?
- De quince a treinta minutos bastan para la mayoría de las personas, y un tiempo breve y constante es mejor que uno largo de vez en cuando. Lo que se busca es quedarse sin prisa con unos pocos versículos, no abarcar mucho texto.
- ¿Cuál es la diferencia entre la lectio divina y el estudio bíblico?
- El estudio bíblico pregunta qué quiso decir un pasaje y cómo entenderlo correctamente. La lectio divina es oración: pregunta qué te está diciendo Dios ahora por medio del pasaje, y pasa de la lectura a la conversación con Dios y al silencio. Las dos cosas son valiosas y se apoyan mutuamente.
- ¿Qué pasajes de la Biblia son buenos para la lectio divina?
- El Evangelio del domingo o las lecturas de la Misa del día son la opción más sencilla. Buenos pasajes para empezar son Lucas 24, 13–35 (el camino de Emaús), Juan 21, el Salmo 23, Isaías 43, 1–5 y Marcos 10, 46–52. Los relatos breves del Evangelio y los salmos suelen funcionar mejor que los pasajes doctrinales de las cartas.
- ¿Se puede hacer la lectio divina en grupo?
- Sí. El grupo lee el pasaje en voz alta varias veces, con silencio entre una lectura y otra; cada persona comparte una palabra o una frase sin discutirla, y el grupo termina en oración. La regla es no comentar ni debatir, y así sigue siendo oración y no estudio.
Fuentes
- 1.Antoinette Lawlor, IHM, "Ever Ancient, Ever New: The Art and Practice of Lectio Divina," United States Conference of Catholic Bishops, 2009.
- 2.St. Benedict’s Rule for Monasteries, chapter 48, "On the Daily Manual Labor," trans. Leonard J. Doyle (Project Gutenberg; public domain in the USA).
- 3.Guigo II, The Ladder of Monks (Scala Claustralium), sections II–III, Latin text from Sources Chrétiennes 163 with English translation by L. Dysinger, based on the translation by Edmund Colledge and James Walsh.
- 4.Second Vatican Council, Dei Verbum (Dogmatic Constitution on Divine Revelation), November 18, 1965, n. 25.
- 5.Benedict XVI, Verbum Domini (Post-Synodal Apostolic Exhortation on the Word of God in the Life and Mission of the Church), September 30, 2010, nn. 86–87.
- 6.Catechism of the Catholic Church, nn. 2705–2708, "Meditation."
- 7.Catechism of the Catholic Church, n. 1177.
- 8."Daily Bible Reading," United States Conference of Catholic Bishops.
- 9.Luke 24:29 and 24:32, Douay-Rheims Bible.
- 10.Ignatius of Loyola, The Spiritual Exercises, Second Week, First Day, Second Contemplation ("On the Nativity"), trans. Elder Mullan, SJ (New York: P.J. Kenedy & Sons, 1914).