El examen de conciencia es un repaso sincero de tu vida desde tu última confesión, hecho en oración, para saber qué necesitas confesar. El Catecismo pide que el sacramento se prepare así, con un examen "hecho a la luz de la Palabra de Dios". 1 Esta página es una guía para hacerlo, ordenada según los Diez Mandamientos, con los mandamientos de la Iglesia y los pecados capitales al final.
Empieza con una oración breve para pedir luz al Espíritu Santo: el Salmo 51 es la oración clásica, o pide sencillamente, con tus propias palabras, verte con verdad. Luego recorre las secciones una por una y detente en lo que te corresponda. A la mayoría le ayuda anotar una o dos palabras, sobre todo en lo que sea serio, y apuntar más o menos cuántas veces ocurrió. Pasa por alto lo que claramente no tiene que ver con tu vida.
No dejes que el examen se convierta en una trampa. Si te descubres dando vueltas y vueltas a la misma pregunta, sin saber si algo fue pecado o si fue grave, detente ahí y llévaselo al sacerdote tal como está. Decir "de esto no estoy seguro" en la confesión es completamente normal, y ayudarte justamente en eso es parte de su tarea.
Cómo examinar tu conciencia antes de la confesión
El Catecismo señala la Escritura como medida, y nombra la enseñanza moral de los Evangelios y de las cartas de los apóstoles, en particular el Sermón de la Montaña. 1 Los Diez Mandamientos son el marco tradicional porque abarcan la vida entera: Dios, la familia, los demás, el cuerpo, los bienes, la palabra y el deseo. Leer Mateo 5 a 7 antes de empezar es una buena manera de disponerse.
Lo primero que buscas es el pecado grave. El derecho canónico pide a los fieles confesar, según su especie y número, todos los pecados graves cometidos después del bautismo y aún no confesados, de los que tengan conciencia después de un examen diligente. 2 "Especie" quiere decir qué pecado fue; "número" quiere decir cuántas veces, o un cálculo honesto, como "más o menos una vez por semana durante un año". No hace falta un relato largo.
Para que un pecado sea mortal tienen que darse tres cosas a la vez. Debe tener por objeto una materia grave; debe cometerse con pleno conocimiento; y debe cometerse con consentimiento deliberado. 3 El Catecismo dice que los Diez Mandamientos precisan cuál es la materia grave, y que el pleno conocimiento supone saber que el acto es pecaminoso, opuesto a la ley de Dios. 3 La ignorancia de la que no tienes culpa puede disminuir e incluso quitar la responsabilidad, aunque a nadie se le considera ignorante de los principios básicos de la ley moral, inscritos en toda conciencia. 3
Cuando falta alguna de las tres, el pecado es venial: una materia menos seria, o una seria hecha sin pleno conocimiento o sin pleno consentimiento. 3 El pecado venial no deja de ser real. Debilita la caridad y frena el progreso en la virtud. 3 La Iglesia no exige confesar los pecados veniales, pero lo recomienda vivamente, porque confesarlos con regularidad forma la conciencia y ayuda a luchar contra los hábitos y no solo contra los actos aislados. 12
Algo más para tener presente mientras avanzas: puedes tener parte en el pecado de otro. El Catecismo nombra participar en él directamente, ordenarlo, aconsejarlo, alabarlo o aprobarlo, no impedirlo o no revelarlo cuando tenías obligación de hacerlo, y proteger a quien lo cometió. 4
¿Cuánto debe durar? Lo suficiente para hacerlo con cuidado. El derecho canónico habla de un examen diligente, no de uno cronometrado. 2 A quien se confiesa cada mes, diez o quince minutos suelen bastarle. A quien vuelve después de años de ausencia puede convenirle hacerlo en dos ratos, y está bien decirle al sacerdote desde el principio que ha pasado mucho tiempo.
Primer mandamiento: Amarás a Dios sobre todas las cosas
El primer mandamiento pide fe, esperanza y amor dirigidos a Dios, manifestados en la adoración y la oración, y prohíbe poner cualquier otra cosa en su lugar. El Catecismo lo trata en los nn. 2084–2141, incluidos los pecados contra la fe, como la duda voluntaria, la herejía y la apostasía; contra la esperanza, como la desesperación y la presunción; y contra la caridad, como la indiferencia y la pereza espiritual. 5 Nombra también la superstición, la idolatría, la adivinación, la magia, el sacrilegio y la simonía, y califica de graves la idolatría, la magia y el sacrilegio contra la Eucaristía. 5
- ¿He rezado, o han pasado días y semanas enteras sin que me dirigiera a Dios para nada?
- ¿He dudado deliberadamente de algo que Dios ha revelado y la Iglesia enseña, o me he negado a creerlo, a diferencia de luchar honestamente con una pregunta?
- ¿He rechazado la fe, o la he negado delante de otros para evitarme una vergüenza o un costo?
- ¿He descuidado conocer mi fe como adulto, teniendo el tiempo y los medios para hacerlo?
- ¿He desesperado de la misericordia de Dios, convencido de que para mí ya no hay perdón?
- ¿He abusado de la misericordia de Dios, pecando porque sabía que después podía confesarlo, o dando por hecho que me salvaría sin cambiar de vida?
- ¿He puesto en la práctica el dinero, el éxito, una relación, el placer, la comodidad o mi propia imagen por delante de Dios?
- ¿He consultado horóscopos, videntes, médiums, el tarot o la ouija, o he tratado amuletos y objetos de la suerte como si tuvieran poder?
- ¿He participado en prácticas ocultistas o de la Nueva Era, sesiones de espiritismo, hechizos o cualquier cosa destinada a invocar espíritus?
- ¿He recibido la Sagrada Comunión con conciencia de un pecado mortal sin confesar?
- ¿He tratado con desprecio cosas, lugares o personas sagradas, o he callado un pecado grave en una confesión anterior?
- ¿He sido desagradecido con Dios, o frío y descuidado con él cuando sabía que no debía serlo?
Segundo mandamiento: No tomarás el nombre de Dios en vano
El segundo mandamiento pide reverencia al hablar de Dios, de los santos y de las cosas santas, y pide cumplir las promesas y los juramentos que hacemos en nombre de Dios. El Catecismo lo trata en los nn. 2142–2167; llama a la blasfemia un pecado grave y al perjurio una falta grave de respeto a Dios. 6
- ¿He hablado contra Dios con odio, desprecio o desafío, o me he burlado de la Santísima Virgen, de los santos o de la Iglesia?
- ¿He usado el nombre de Dios o de Jesús a la ligera, como muletilla, con enojo o como grosería?
- ¿He maldecido a otras personas, deseándoles un mal en nombre de Dios?
- ¿He jurado en falso, o he mentido después de jurar decir la verdad, en un tribunal o en cualquier otra parte?
- ¿He hecho una promesa o un voto a Dios y lo he roto sin una buena razón?
- ¿He usado la religión para encubrir algo malo, o el nombre de Dios para manipular a alguien?
- ¿Me ha dado vergüenza que se sepa que soy católico, o he dejado pasar burlas sobre la fe cuando debí hablar?
Tercer mandamiento: Santificarás las fiestas
El tercer mandamiento pide a los cristianos santificar el domingo: participando en la Misa, descansando del trabajo que no es necesario y dedicando tiempo a Dios, a la familia y a las necesidades de los demás. El Catecismo lo trata en los nn. 2168–2195. Dice que de la obligación de la Misa dominical puede excusar una razón seria, como la enfermedad o el cuidado de niños pequeños, o dispensar el propio párroco, y que faltar a ella deliberadamente es un pecado grave. 7
- ¿He faltado a Misa un domingo o una fiesta de precepto por mi culpa, cuando nada serio me lo impedía?
- ¿He llegado tarde o me he ido antes sin motivo, o he estado presente con el cuerpo negándome a prestar atención?
- ¿He impedido que mis hijos vayan a Misa, o no los he llevado cuando era mi responsabilidad?
- ¿He hecho trabajos o compras innecesarios en domingo, o se los he exigido a otros, de modo que el día perdió su carácter?
- ¿He pasado el día del Señor de una manera que no dejó lugar alguno para Dios, el descanso o mi familia?
- ¿He descuidado a personas enfermas, ancianas o solas a las que pude haber visitado o ayudado en domingo?
Cuarto mandamiento: Honrarás a tu padre y a tu madre
El cuarto mandamiento abarca los deberes dentro de la familia en ambas direcciones: de los hijos hacia los padres, de los padres hacia los hijos, y de los hermanos entre sí. Se extiende a la autoridad en general, a los deberes de los ciudadanos y de quienes los gobiernan. El Catecismo lo trata en los nn. 2196–2257. 8
- ¿He tratado a mis padres con falta de respeto, desprecio o frialdad, en persona o a sus espaldas?
- Mientras vivía en casa, ¿he desobedecido a mis padres en lo que me pedían razonablemente?
- Como hijo adulto, ¿he descuidado a mis padres en la vejez, la enfermedad, la soledad o la necesidad, cuando podía ayudarlos?
- ¿He sido poco amable, celoso o pendenciero con mis hermanos y hermanas, o me he negado a hacer las paces con ellos?
- Como padre o madre, ¿he descuidado la formación religiosa y moral de mis hijos, o la he dejado por completo en manos de otros?
- ¿He dado mal ejemplo a mis hijos con mis palabras, mis hábitos o mi trato hacia mi cónyuge?
- ¿He sido duro, injusto o ausente con mis hijos, o no los he corregido cuando lo necesitaban?
- ¿He presionado a mis hijos en la elección de su cónyuge o de su vocación de un modo que no respetaba su libertad?
- ¿He dejado de cumplir mi parte como ciudadano: pagar los impuestos debidos, votar con una conciencia formada por la fe, obedecer las leyes justas?
- En cualquier puesto de autoridad, en el trabajo o en otro lugar, ¿he tratado injustamente a quienes dependen de mí, o he usado el poder en mi provecho?
Quinto mandamiento: No matarás
El quinto mandamiento protege la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural y abarca todo lo que daña la vida, la salud y el alma de los demás o de uno mismo. El Catecismo lo trata en los nn. 2258–2330. Califica el homicidio, el aborto directo y la eutanasia de gravemente contrarios a la ley moral; llama falta grave al uso de drogas fuera de los fines terapéuticos y dice que quien pone en peligro a otros por conducir de manera temeraria se hace gravemente culpable; y cuenta entre las faltas graves el escándalo, es decir, llevar a otra persona a pecar. 9 Dice también que la ira llega a ser pecado mortal cuando alcanza el deseo deliberado de matar o herir gravemente a alguien, y que el odio es pecado grave cuando le desea deliberadamente un daño grave. 9
- ¿He hecho daño físico a alguien, o lo he amenazado con hacérselo?
- ¿He tenido un aborto, o he animado, presionado, pagado o ayudado a alguien a tenerlo?
- ¿He apoyado la eutanasia o el suicidio asistido, o he tomado parte en ellos?
- ¿He guardado odio, he deseado un daño grave a alguien o he alimentado un deseo de venganza?
- ¿Me he negado a perdonar a alguien, o he mantenido vivo un rencor a propósito?
- ¿He perdido los estribos de un modo que asustó o lastimó a otros, en casa, en el trabajo o al volante?
- ¿Me he emborrachado, he consumido drogas o he abusado de medicamentos recetados?
- ¿He manejado después de beber, o de manera temeraria o distraída, poniendo en peligro a otros?
- ¿He descuidado mi salud por gula o por dejadez, o he corrido riesgos innecesarios con mi vida?
- ¿He llevado a otra persona a pecar con mi estímulo, mi burla, mi presión o mi mal ejemplo?
- ¿He acosado, humillado o menospreciado a alguien, en internet o en persona?
Si has estado pensando en quitarte la vida, por favor díselo hoy a alguien: a un sacerdote, a un médico, a una persona de tu confianza, o a la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis, por llamada o por mensaje de texto. El Catecismo es claro en que el sufrimiento psíquico grave puede disminuir la responsabilidad de la persona. 9
Sexto mandamiento: No cometerás actos impuros
El sexto mandamiento se refiere a la sexualidad, la castidad y la fidelidad del matrimonio. La castidad se pide a todos del modo que corresponde a su estado de vida: continencia para quienes no están casados, fidelidad dentro del matrimonio. El Catecismo lo trata en los nn. 2331–2400. Califica la fornicación de gravemente contraria a la dignidad de las personas, la pornografía de falta grave, la masturbación de acto gravemente desordenado, y el adulterio, el divorcio y la convivencia sin matrimonio de ofensas a la dignidad del matrimonio, de las cuales nombra como graves el adulterio y el divorcio; de la anticoncepción dice que es intrínsecamente mala. 10
- ¿He mirado pornografía, en cualquier forma, o la he buscado?
- ¿He cometido pecados de impureza a solas (masturbación)?
- ¿He tenido relaciones sexuales con alguien con quien no estoy casado?
- ¿Estoy viviendo con alguien como si estuviéramos casados, sin estarlo?
- ¿He sido infiel a mi cónyuge, o he buscado deliberadamente una relación que llevaba a eso?
- En el matrimonio, ¿he usado anticonceptivos o he recurrido a la esterilización con ese fin?
- ¿He usado, o he animado a alguien a usar, métodos para concebir un hijo que la Iglesia enseña que no son moralmente aceptables?
- ¿He presionado, manipulado u obligado a alguien a una actividad sexual, o he tocado a alguien sin su consentimiento?
- ¿Me he comportado, vestido, expresado o bromeado de maneras que buscaban provocar lujuria en otros?
- ¿Me he puesto a sabiendas en situaciones en las que preveía caer en estos pecados?
- Como persona casada, ¿he sido frío, egoísta o exigente con mi cónyuge en nuestra vida íntima?
Si algo de tu pasado tiene que ver con el abuso de un menor, como víctima o de otro modo, un sacerdote puede ayudarte a dar los pasos siguientes, también fuera del confesionario.
Séptimo mandamiento: No robarás
El séptimo mandamiento prohíbe tomar o retener injustamente lo que pertenece a otros y pide justicia y caridad en el uso de los bienes materiales. El Catecismo lo trata en los nn. 2401–2463. Nombra, además del robo sin más, quedarse con cosas prestadas o encontradas, el fraude en el comercio, los salarios injustos, la evasión de impuestos, la falsificación, el despilfarro y el daño voluntario a la propiedad, y exige restituir lo que se tomó. 11 Trata también del trabajo honrado, del trato justo a los trabajadores, de los juegos de azar que privan a una familia de lo que necesita, del cuidado de la creación y del amor a los pobres. 11
- ¿He robado algo, grande o pequeño, incluso a mi empleador, a una tienda o a alguien de mi familia?
- ¿Me he quedado con algo que pedí prestado, o con algo que encontré y pude haber devuelto?
- ¿He hecho trampa en los negocios, en mis impuestos, en un reclamo al seguro o en un informe de gastos?
- ¿He dado menos que una jornada honrada de trabajo por mi sueldo, o he malgastado el tiempo y los recursos de mi empleador?
- Como empleador o jefe, ¿he pagado salarios injustos, he retrasado los pagos o he tratado injustamente a los trabajadores?
- ¿He dejado de pagar deudas que podía pagar, o he roto contratos y acuerdos?
- ¿He dañado la propiedad de alguien, o he pirateado programas, música o películas?
- ¿He perdido en el juego dinero que mi familia necesitaba?
- ¿He restituido lo que debo, o lo he estado dejando para después?
- ¿He sido tacaño con los pobres y con la Iglesia, en proporción a lo que realmente tengo?
- ¿He desperdiciado comida, dinero o los bienes de la tierra, o he sido cruel con los animales?
Octavo mandamiento: No darás falso testimonio ni mentirás
El octavo mandamiento prohíbe falsear la verdad y nos pide dar testimonio de ella, también de la verdad de la fe. El Catecismo lo trata en los nn. 2464–2513. Distingue el juicio temerario (suponer lo peor de alguien sin fundamento suficiente), la maledicencia (revelar los defectos reales de alguien a quienes no tenían por qué saberlos) y la calumnia (dañar la reputación de alguien con falsedades), y dice que la mentira llega a ser pecado mortal cuando lesiona gravemente la justicia y la caridad. 12 Quien daña la reputación de otro está obligado a repararla en la medida de lo posible. 12
- ¿He mentido, para salir de un apuro, para quedar mejor o para sacar ventaja?
- ¿He dicho mentiras que le hicieron un daño real a alguien?
- ¿He chismeado, o he divulgado los defectos de alguien entre personas que no tenían por qué saberlos?
- ¿He dicho de alguien cosas falsas o exageradas, en persona, por mensaje o en internet?
- ¿He juzgado con dureza a alguien sin conocer los hechos, o me he negado a darle el beneficio de la duda?
- ¿He tratado de reparar una reputación que dañé?
- ¿He halagado a alguien de un modo que lo animaba a obrar mal?
- ¿He traicionado una confidencia o revelado un secreto profesional sin una razón grave?
- ¿He presumido, o he usado el sarcasmo para rebajar a los demás?
- ¿He publicado reseñas, comentarios o contenidos que sabía que eran injustos o falsos?
- ¿He callado mi fe por miedo, cuando debí hablar?
Noveno mandamiento: No consentirás pensamientos ni deseos impuros
El noveno mandamiento se refiere al corazón, donde empiezan los pecados contra la castidad. El Catecismo lo trata en los nn. 2514–2533. Distingue la atracción del deseo en sí misma, que no es pecado, del consentimiento que se le da, y nombra como defensas la oración, la pureza de intención, la disciplina de la imaginación, el rechazo de los pensamientos impuros en cuanto llegan, y el pudor en el vestir y en la conducta. 13 La distinción importa para el examen: una tentación pasajera que no quisiste y en la que no te detuviste no es algo que necesites confesar.
- ¿Me he detenido deliberadamente en pensamientos o fantasías sexuales sobre alguien, en lugar de apartarme de ellos?
- ¿He deseado deliberadamente al cónyuge de otra persona, o a alguien que no es el mío?
- ¿He elegido series, películas, juegos, música o sitios web que sabía que me llenarían la mente de impureza?
- ¿He sido descuidado con aquello en lo que dejo detenerse la mirada, en la calle o en internet?
- ¿He descuidado la oración y los demás medios para conservar un corazón puro?
- ¿Me he vestido o presentado de maneras que no tenían en cuenta el pudor?
Décimo mandamiento: No codiciarás los bienes ajenos
El décimo mandamiento se refiere al deseo de las cosas: la codicia, la avaricia y la envidia. El Catecismo lo trata en los nn. 2534–2557. Querer una cosa no es malo en sí mismo, y el Catecismo admite desear lo que otro tiene si se obtiene por medios justos; lo que prohíbe es el ansia de bienes sin medida, y la envidia, que es la tristeza ante el bien ajeno con el deseo de apropiárselo injustamente. Llama a la envidia pecado capital y dice que llega a ser mortal cuando desea al prójimo un mal grave. 14
- ¿He envidiado lo que otros tienen, me ha molestado su éxito o me he alegrado de su desgracia?
- ¿Me ha consumido el deseo de más dinero, más cosas o más posición?
- ¿He dejado que la preocupación por el dinero desplace la confianza en Dios?
- ¿Me he comparado con otros de un modo que me volvió amargado o desagradecido?
- ¿He estado dispuesto a tomar atajos o a perjudicar a alguien para conseguir lo que quería?
- ¿He estado contento con lo que Dios me ha dado, y he sido generoso con ello?
Los mandamientos de la Iglesia
Los mandamientos de la Iglesia son el mínimo que la Iglesia pide a todo católico en la oración y en la vida moral. El Catecismo enumera cinco: asistir a Misa los domingos y las fiestas de precepto; confesar los pecados al menos una vez al año; recibir la Sagrada Comunión al menos por Pascua; santificar las fiestas de precepto; y guardar los días de ayuno y abstinencia establecidos. Añade el deber de ayudar a la Iglesia en sus necesidades materiales, cada uno según sus posibilidades. 15 El derecho canónico hace de la confesión anual de los pecados graves una obligación desde la edad de la discreción. 2
Según el derecho canónico, la abstinencia de carne se guarda todos los viernes, salvo que coincidan con una solemnidad, y el ayuno y la abstinencia el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. La abstinencia obliga desde los catorce años; el ayuno obliga a los mayores de edad hasta que cumplen cincuenta y nueve años. 16 Los obispos de cada país pueden fijar los detalles y sustituir estas prácticas por otras penitencias, sobre todo obras de caridad y oración, así que consulta lo que han dispuesto tus propios obispos. 16
- ¿He faltado a Misa un domingo o una fiesta de precepto por mi culpa?
- ¿He pasado más de un año sin confesarme teniendo conciencia de pecado grave?
- ¿He dejado de comulgar al menos una vez en el tiempo de Pascua?
- ¿He hecho caso omiso de los días de ayuno y abstinencia, incluida la penitencia de los viernes?
- ¿He contribuido al sostenimiento de mi parroquia y de la Iglesia en proporción a lo que tengo?
Los siete pecados capitales y las obras de misericordia
A algunas personas les ayuda terminar con un segundo recorrido por otro camino. Los pecados capitales se llaman así porque de ellos nacen otros pecados, y el Catecismo los enumera: soberbia, avaricia, envidia, ira, lujuria, gula, y pereza o acedia. 4 Preguntarte cuál de ellos mueve la mayor parte de lo que encontraste en los mandamientos suele mostrar la raíz que hay que trabajar, y vale la pena decírselo al sacerdote.
- Soberbia: ¿He necesitado tener la razón, ser admirado o tener el control? ¿He mirado a otros por encima del hombro?
- Avaricia: ¿Me he aferrado al dinero y a las cosas?
- Envidia: ¿Me han molestado los dones y la buena suerte de otros?
- Ira: ¿Me he enojado con facilidad, o me he quedado con el enojo?
- Lujuria: ¿He tratado a otros, o a mí mismo, como objetos de placer?
- Gula: ¿Me han dominado la comida o la bebida?
- Pereza: ¿He rehuido el esfuerzo que pide el amor a Dios y al prójimo, en la oración, en el trabajo o en mis deberes?
Las obras de misericordia son otra manera de mirar, porque preguntan por lo que dejaste de hacer y no por lo que hiciste. El Catecismo nombra entre ellas instruir, aconsejar, consolar y confortar, perdonar y sufrir con paciencia, y dar de comer al hambriento, dar techo a quien no lo tiene, vestir al desnudo, visitar a los enfermos y a los presos, y enterrar a los muertos. 17 Leída despacio, esa lista es un examen por sí sola.
Después del examen
Cuando hayas terminado, deja de examinarte. Repasa tus notas, pon primero lo grave y dedica al resto una o dos frases. Luego pasa de la lista a Dios: el Yo confieso y el Salmo 51 son buenas oraciones de arrepentimiento para rezar antes de entrar.
Lo que sucede en el confesionario, paso a paso, está explicado en nuestra guía para la confesión, incluido qué decir si han pasado muchos años. Cuando el sacerdote te pida expresar tu arrepentimiento, puedes rezar el Acto de contrición o usar tus propias palabras.
Recuerda lo que dice el Catecismo de quienes hacen honestamente lo mejor que pueden: "Cuando los fieles de Cristo se esfuerzan por confesar todos los pecados que recuerdan, no se puede dudar que están presentando ante la misericordia divina para su perdón todos los pecados que han cometido". 1 Para eso es el examen, y solo para eso.
Si examinar tu conciencia con regularidad te deja con ansiedad, o vuelves una y otra vez a pecados ya confesados, puede que se trate de escrúpulos, algo frecuente y que tiene remedio. Díselo a tu confesor, y piensa en pedirle a él o a otro sacerdote que te guíe a lo largo del tiempo. La ayuda habitual es la dirección espiritual regular. El primer lugar donde preguntar es tu parroquia; GraceBook también presenta mentores católicos que describen ellos mismos su trayectoria, y puedes buscar uno aquí, aunque GraceBook no verifica las credenciales de nadie.
Preguntas frecuentes
- ¿Cómo hago el examen de conciencia antes de la confesión?
- Empieza con una oración breve para pedir luz; luego recorre los Diez Mandamientos uno por uno y hazte preguntas sinceras y concretas sobre cada uno. Anota lo que sea serio y más o menos cuántas veces ocurrió. Termina con un acto de arrepentimiento y ve a confesarte. Una guía escrita como esta lo hace mucho más fácil que trabajar de memoria.
- ¿Qué pecados hay que decir en la confesión?
- Hay que confesar todos los pecados graves (mortales) cometidos desde el bautismo y aún no confesados, según su especie y número, en la medida en que los recuerdes después de un examen cuidadoso. Los pecados veniales no es obligatorio confesarlos, pero la Iglesia recomienda vivamente confesarlos también. Si no estás seguro de que algo haya sido grave, menciónalo y pregunta al sacerdote.
- ¿Qué pasa si olvido un pecado en la confesión?
- Si de verdad lo olvidaste, no has hecho una mala confesión: el Catecismo enseña que quienes confiesan todos los pecados que recuerdan los presentan todos ante la misericordia de Dios. Un pecado grave olvidado de buena fe debe mencionarse de todos modos en la confesión siguiente, porque la Iglesia pide que todo pecado grave se confiese una vez. Callar a propósito un pecado grave es otra cosa, y hay que confesarlo junto con el hecho de haberlo callado.
- ¿Cuánto debe durar un examen de conciencia?
- No hay un tiempo fijo. La Iglesia pide un examen cuidadoso, no uno largo. A quien se confiesa con regularidad suelen bastarle diez o quince minutos; después de muchos años de ausencia puede llevar más, y el sacerdote puede ayudar con el resto.
- ¿Qué hace que un pecado sea mortal y no venial?
- Un pecado es mortal cuando se dan a la vez tres condiciones: la materia es grave, la persona sabe que es gravemente malo, y lo elige libre y deliberadamente. Si falta alguna de las tres, el pecado es venial. El Catecismo dice que los Diez Mandamientos precisan qué es materia grave.
Fuentes
- 1.Catechism of the Catholic Church, nn. 1450–1460, “The Acts of the Penitent,” especially nn. 1454 (examination in the light of the Word of God), 1456 (confession of mortal sins; those who confess all they remember) and 1458 (confession of venial sins) (Libreria Editrice Vaticana).
- 2.Code of Canon Law (1983), Book IV, cann. 959–997, on the sacrament of penance, in particular can. 988 §1 (grave sins in kind and number, after diligent examination), §2 (venial sins recommended) and can. 989 (yearly confession).
- 3.Catechism of the Catholic Church, nn. 1854–1864, “The Gravity of Sin: Mortal and Venial Sin,” especially nn. 1857–1860 (the three conditions of mortal sin) and 1862–1863 (venial sin).
- 4.Catechism of the Catholic Church, nn. 1865–1869, “The Proliferation of Sin,” especially n. 1866 (the capital sins) and n. 1868 (cooperation in the sins of others).
- 5.Catechism of the Catholic Church, nn. 2084–2141, “The First Commandment,” including nn. 2088–2094 (sins against faith, hope and charity) and 2110–2128 (superstition, idolatry, divination, magic, sacrilege, simony, atheism).
- 6.Catechism of the Catholic Church, nn. 2142–2167, “The Second Commandment,” including n. 2148 (blasphemy) and nn. 2150–2155 (oaths and perjury).
- 7.Catechism of the Catholic Church, nn. 2168–2195, “The Third Commandment,” including nn. 2180–2188 (the Sunday obligation and Sunday rest).
- 8.Catechism of the Catholic Church, nn. 2196–2257, “The Fourth Commandment,” including nn. 2214–2231 (duties of family members) and 2234–2246 (authorities and citizens).
- 9.Catechism of the Catholic Church, nn. 2258–2330, “The Fifth Commandment,” including nn. 2268–2283 (murder, abortion, euthanasia, suicide), 2284–2291 (scandal, health, drugs, reckless driving) and 2302–2303 (anger and hatred).
- 10.Catechism of the Catholic Church, nn. 2331–2400, “The Sixth Commandment,” including nn. 2351–2357 (offenses against chastity), 2368–2377 (regulation of births, reproductive techniques) and 2380–2391 (offenses against the dignity of marriage).
- 11.Catechism of the Catholic Church, nn. 2401–2463, “The Seventh Commandment,” including nn. 2408–2418 (theft, fraud, restitution, gambling, animals) and 2426–2436 (work and just wages).
- 12.Catechism of the Catholic Church, nn. 2464–2513, “The Eighth Commandment,” including nn. 2471–2474 (bearing witness), 2475–2487 (offenses against truth, lying, reparation) and 2488–2492 (secrets and privacy).
- 13.Catechism of the Catholic Church, nn. 2514–2533, “The Ninth Commandment,” including nn. 2514–2516 (concupiscence) and 2520–2527 (the battle for purity and modesty).
- 14.Catechism of the Catholic Church, nn. 2534–2557, “The Tenth Commandment,” including nn. 2535–2540 (greed, avarice and envy).
- 15.Catechism of the Catholic Church, nn. 2041–2043, “The Precepts of the Church.”
- 16.Code of Canon Law (1983), cann. 1250–1253, on days of penance, fasting and abstinence.
- 17.Catechism of the Catholic Church, nn. 2443–2449, “Love for the Poor,” especially n. 2447 (the spiritual and corporal works of mercy).