Español
Oh Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote,
guarda a tus sacerdotes al amparo de tu Sagrado Corazón,
donde nadie pueda hacerles daño.
Conserva sin mancha sus manos ungidas,
que tocan cada día tu sagrado Cuerpo.
Conserva puros sus labios, teñidos con tu preciosa Sangre.
Conserva puros y desprendidos de la tierra sus corazones,
sellados con el sublime carácter del sacerdocio.
Que tu santo amor los rodee y los preserve del contagio del mundo.
Bendice sus trabajos con abundantes frutos,
y que las almas a quienes sirven sean su gozo y su consuelo aquí en la tierra,
y en el cielo su hermosa y eterna corona.
Y envía obreros a tu mies:
llama por su nombre a quienes están siendo llamados y aún no lo saben,
y dales el valor de responder.
Amén.