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Novena por las benditas almas del purgatorio

También se conoce como Novena por las almas del purgatorio, Novena de las ánimas, Novena por los fieles difuntos, Novena por los difuntos, Novenario de difuntos

Una novena de San Alfonso María de Ligorio por las almas del purgatorio, con una breve consideración y una oración para cada uno de los nueve días. Muchos la hacen en los nueve días anteriores a la Conmemoración de los Fieles Difuntos, el 2 de noviembre (del 24 de octubre al 1 de noviembre), o por alguien que ha muerto hace poco.

Español

Traducción del texto inglés de la fuente citada. La fuente imprime las oraciones de todos los días después de la oración del primer día y luego las abrevia; aquí se reúnen al principio, y la respuesta de la letanía se escribe completa.

Cada día, lee la consideración y di la oración de ese día; después un Padre Nuestro y un Ave María, la estrofa "Ten compasión de tus esposas" y la oración a nuestro Salvador paciente que sigue, la cual, según la fuente, ha de repetirse todos los días de la novena.

Encomendemos a Jesucristo y a su Santísima Madre las almas del purgatorio, en particular las de nuestros parientes, bienhechores, amigos y enemigos, y sobre todo aquellas por las que estamos obligados a rezar;
y ofrezcamos por ellas las siguientes consideraciones y oraciones, meditando los grandes sufrimientos que padecen estas esposas de Cristo.

Para todos los días

Ten compasión de tus esposas,
de estas hijas tuyas que sufren;
haz a estas santas almas partícipes
de tu divina felicidad.

Oración a nuestro Salvador paciente por las almas del purgatorio

V.Oh dulcísimo Jesús, por el sudor de sangre que padeciste en el huerto de Getsemaní, ten piedad de esas benditas almas.
R.Ten piedad de ellas, Señor, ten piedad de ellas.

V.Oh dulcísimo Jesús, por los dolores que padeciste en tu cruelísima flagelación, ten piedad de ellas.
R.Ten piedad de ellas, Señor, ten piedad de ellas.

V.Oh dulcísimo Jesús, por los dolores que padeciste en tu dolorosísima coronación de espinas, ten piedad de ellas.
R.Ten piedad de ellas, Señor, ten piedad de ellas.

V.Oh dulcísimo Jesús, por los dolores que padeciste al llevar tu cruz al Calvario, ten piedad de ellas.
R.Ten piedad de ellas, Señor, ten piedad de ellas.

V.Oh dulcísimo Jesús, por los dolores que padeciste en tu cruelísima crucifixión, ten piedad de ellas.
R.Ten piedad de ellas, Señor, ten piedad de ellas.

V.Oh dulcísimo Jesús, por los dolores que padeciste en tu amarguísima agonía en la cruz, ten piedad de ellas.
R.Ten piedad de ellas, Señor, ten piedad de ellas.

Oh dulcísimo Jesús, por el inmenso dolor que padeciste al entregar tu alma bendita, ten piedad de ellas.

Aquí encomiéndate a las almas del purgatorio y nombra el favor que pides en esta novena.

Almas benditas, hemos rezado por ustedes; les suplicamos a ustedes, tan queridas de Dios y que nunca lo perderán, que rueguen por nosotros, miserables pecadores, que estamos en peligro de perdernos y de perder a Dios para siempre.
Amén.

Primer día

Son muchos los sufrimientos que estas benditas almas tienen que soportar, pero el mayor de todos es pensar que sus pecados en vida son la causa de sus tormentos presentes.

Oh Jesús, Salvador mío, tantas veces he merecido que me arrojaras al infierno; ¡qué grande sería mi sufrimiento si ahora estuviera allí y tuviera que pensar que yo mismo causé mi condenación!
Te doy gracias por la paciencia con que me has soportado.
Dios mío, te amo sobre todas las cosas, y me pesa de corazón haberte ofendido, porque eres bondad infinita.
Quiero morir antes que volver a ofenderte.
Concédeme la gracia de la perseverancia; ten piedad de mí, y también de las benditas almas que sufren en el purgatorio.
María, Madre de Dios, ven en su ayuda con tu poderosa intercesión.

Segundo día

La segunda pena que hace sufrir mucho a estas santas almas es el tiempo perdido en la vida, cuando habrían podido ganar méritos para el cielo, y el pensamiento de que ya no pueden reparar esa pérdida, porque el tiempo de la vida y del mérito ha pasado.

¡Ay de mí, que he pasado tantos años en la tierra y no he ganado más que el infierno!
Te doy gracias, Señor, por concederme todavía tiempo para expiar mis pecados.
Dios mío, tan bueno, me pesa de corazón haberte ofendido.
Envíame tu ayuda, para que emplee el tiempo que me queda en tu amor y en tu servicio; ten compasión de mí, y también de las santas almas que sufren en el purgatorio.
Oh María, Madre de Dios, ven en su ayuda con tu poderosa intercesión.

Tercer día

Otra gran pena de las santas almas nace de la horrible visión de su culpa, por la que ahora sufren.
En esta vida no se ve la fealdad del pecado como en la vida futura, y este es uno de los mayores sufrimientos del purgatorio.

Dios mío, porque eres bondad infinita, te amo sobre todas las cosas y me arrepiento de todo corazón de mis ofensas contra ti.
Concédeme la gracia de la santa perseverancia.
Ten compasión de mí, y también de las santas almas que sufren en el purgatorio.
Y tú, María, Madre de Dios, ven en su ayuda con tu poderosa intercesión.

Cuarto día

La pena que todavía más aflige a estas santas almas, esposas de Jesús, es el pensamiento de haber disgustado en vida, con sus pecados, a ese Dios a quien amaban con tanto ardor.
Algunos penitentes han sentido tanta pena y dolor al pensar que con sus pecados habían ofendido a un Dios tan bueno, que murieron de pesar.
Las almas del purgatorio comprenden mucho mejor que nosotros los títulos que Dios tiene a nuestro amor.
Lo aman con todas sus fuerzas.
Por eso, al pensar que lo ofendieron en vida, sienten una pena que supera a toda otra pena.

Dios mío, porque eres bondad infinita, me pesa de todo corazón haberte ofendido.
Quiero morir antes que ofenderte nunca más.
Dame la santa perseverancia; ten piedad de mí, y ten piedad de todas las santas almas que arden en el fuego purificador y te aman con todo su corazón.
Oh María, Madre de Dios, ven en su ayuda con tu poderosa intercesión.

Quinto día

Otro gran sufrimiento de estas santas almas es no saber cuándo serán liberadas.
Están seguras de que un día saldrán, pero la incertidumbre del momento en que terminará su purgatorio les causa gran pena.

¡Ay de mí, Señor, si me hubieras arrojado al infierno!, porque de esa cárcel de pena eterna no hay liberación.
Te amo sobre todas las cosas, oh Bien infinito, y me pesa sinceramente haberte ofendido.
Quiero morir antes que volver a ofenderte.
Concédeme la gracia de la santa perseverancia.
Ten compasión de mí, y también de las santas almas que sufren en el purgatorio.
Oh María, Madre de Dios, ven en su ayuda con tu poderosa intercesión.

Sexto día

Las santas almas se consuelan, es verdad, con el recuerdo de la Pasión de Jesucristo y del Santísimo Sacramento del altar, pues saben que se han salvado por la Pasión de Jesucristo, y que han recibido y siguen recibiendo mucho consuelo de las santas Misas y de las santas comuniones.
Sin embargo, las apena mucho el recuerdo de su ingratitud ante estos dos dones del amor de Jesucristo.

Oh divino Redentor mío, tú moriste por mí en la cruz y tantas veces te has unido a mí en la santa comunión, y yo solo te he pagado con ingratitud.
Pero ahora te amo sobre todas las cosas, oh sumo Bien, y me duelen mis ofensas contra ti más que cualquier otro mal.
Quiero morir antes que volver a ofenderte.
Concédeme la gracia de la santa perseverancia.
Ten compasión de mí, y también de las santas almas que sufren en el purgatorio.
María, Madre de Dios, ven en su auxilio con tu poderosa intercesión.

Séptimo día

Otro gran dolor de estas santas almas es su ardiente deseo de la visión beatífica.
Lentos y penosos pasan los momentos de su prisión en el purgatorio, porque aman profundamente a Dios y desean verse libres de su triste cárcel para alabarlo por siempre.

¡Oh Dios, Padre de misericordia, sacia este ardiente deseo suyo!
Envíales a tu santo ángel para anunciarles que tú, su Padre, estás ya reconciliado con ellas por la pasión y muerte de Jesús, y que ha llegado el momento de su liberación.

Octavo día

Otro amargo dolor de estas almas nace de pensar que Dios las había favorecido con tantas gracias no concedidas a otros, y que ellas lo obligaron, con sus pecados, a condenarlas a estos sufrimientos; y que habían merecido el infierno y solo por la misericordia de Dios fueron perdonadas y salvadas.

Dios mío, yo también soy uno de esos ingratos: recibí tantas gracias y, sin embargo, desprecié tu amor y merecí que me arrojaras al infierno.
Pero tu bondad infinita me ha perdonado la vida hasta ahora.
Por eso ahora te amo sobre todas las cosas, y me pesa de corazón haberte ofendido.
Quiero morir antes que volver a ofenderte.
Concédeme la gracia de la santa perseverancia.
Ten compasión de mí, y también de las santas almas que sufren en el purgatorio.
María, Madre de Dios, ven en su auxilio con tu poderosa intercesión.

Noveno día

Grandes son todos los sufrimientos de las santas almas: el fuego, la pena, la oscuridad, la incertidumbre del momento en que saldrán de su prisión; pero el mayor de todos estos dolores es que estas santas almas están separadas de su divino Esposo y privadas de la visión beatífica.

Dios mío, ¡cómo fue posible que durante tantos años yo soportara tranquilamente estar separado de ti y de tu santa gracia!
¡Oh Bondad infinita, cuánta paciencia has tenido conmigo!
En adelante te amaré sobre todas las cosas.
Me pesa profundamente haberte ofendido; quiero morir antes que volver a ofenderte.
Concédeme la gracia de la santa perseverancia, y no permitas que vuelva a caer jamás en el pecado.

Ten compasión de las santas almas que sufren en el purgatorio.
Te ruego que alivies sus sufrimientos, que acortes el tiempo de su pena y que las llames pronto a ti en el cielo, para que te contemplen cara a cara y te amen por siempre.

María, Madre de misericordia, ven en su auxilio con tu poderosa intercesión, y ruega también por nosotros, que todavía estamos en peligro de condenación eterna.

Sobre el santo

Se reza junto con esta