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Traducción del texto inglés de la fuente citada.
Reza esta oración cada día durante los nueve días anteriores a Pentecostés. La fuente hace comenzar la novena el día de la Ascensión; contada hasta la vigilia, hoy suele ir del viernes siguiente a la Ascensión al sábado anterior a Pentecostés. La fuente añade que sirve cualquier oración al Espíritu Santo.
Oh Espíritu Santo, Dios mío, te adoro y reconozco, aquí en tu divina presencia, que nada soy y nada puedo sin ti.
Ven, gran Paráclito, padre de los pobres, el mejor consolador; cumple la promesa de nuestro bendito Salvador, que no quiso dejarnos huérfanos, y entra en la mente y en el corazón de tu pobre e indigna criatura, como descendiste en el sagrado día de Pentecostés sobre la santa Madre de Jesús y sobre sus primeros discípulos.
Concédeme participar de aquellos dones que les comunicaste de modo tan admirable, y con tanta misericordia y generosidad.
Quita de mi corazón todo lo que no te agrada, y haz de él una morada digna de ti.
Ilumina mi mente, para que vea y comprenda lo que conviene a mi bien eterno.
Inflama mi corazón con el amor puro hacia ti, para que quede limpio de la escoria de todo apego desordenado y toda mi vida esté escondida con Jesús en Dios.
Fortalece mi voluntad, para que se conforme a tu divina voluntad y se deje guiar por tus santas inspiraciones.
Ayúdame con tu gracia a practicar las divinas lecciones de humildad, pobreza, obediencia y desprecio del mundo que Jesús nos enseñó en su vida mortal.
¡Oh, rasga los cielos y desciende, Espíritu consolador!, para que, con tu inspiración y tu aliento, cumpla fielmente los deberes de mi estado, lleve con toda paciencia mi cruz de cada día y procure cumplir la voluntad divina con la mayor perfección.
¡Espíritu de amor! ¡Espíritu de pureza! ¡Espíritu de paz!
Santifica mi alma cada vez más y dame esa paz celestial que el mundo no puede dar.
Bendice a nuestro Santo Padre el Papa, bendice a la Iglesia, bendice a nuestros obispos, a nuestros sacerdotes, a todas las órdenes religiosas y a todos los fieles, para que se llenen del espíritu de Cristo y trabajen con empeño por la extensión de su reino.
Oh Espíritu Santo, dador de todo don bueno y perfecto, concédeme, te lo suplico, las intenciones de esta novena.
Hágase tu voluntad en mí y por medio de mí.
¡Seas alabado y glorificado por siempre!
Amén.